70º FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN – 2022
70º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN – 2022
Un festival de cine siempre es una ocasión para ampliar nuestra mirada sobre la realidad e incluso sobre nosotros mismos. Este año la sección oficial, las películas que el festival elige y que compiten por la Cocha de Oro, ha tenido un gran nivel. Y eso es de agradecer. Si hay una idea o tendencia que atraviesa prácticamente todas las películas de este año, es la indiferencia; un virus mucho peor que la Covid-19, que está muy extendido y que nadie, ni creyentes, ni ateos, están exentos de su contagio.
¿Cómo es que se nos cuela la indiferencia frente “al otro”? Verdaderamente si estamos más pendientes de nuestro interés que de la necesidad del otro, difícil podremos disfrutar y aprovechar los encuentros que la vida nos proporcione. Hagamos un poco de contexto vital y afectivo de nuestra época, que luego lo enlazaremos con las películas del festival.
Si hay algo que define nuestra época posmoderna es justo ese desencanto, esa falta de gusto por el vivir, esa falta de confianza que alcanza a muchos sectores de la sociedad: la falta de credibilidad de los políticos, la corrupción que siempre aparece, la religión que a veces parece “moralismo” o las relaciones íntimas de “aquí te pillo y ya”, que reducen sin éxito el deseo grande del corazón. En ocasiones vivimos aletargados, como insensibles y al mismo tiempo deseosos de que alguien nos puede desbloquear. Pues bien, las propuestas de este año en San Sebastián atinan con la vacuna para este virus de la indiferencia: historias con personajes que nos invitan a conocer sus vidas de cerca. Comencemos con la ganadora del Premio Signis, Premio Feroz y la Concha de Oro, la película colombiana Los Reyes del mundo, de Laura Mora.
Si hay un lugar en el mundo que precisa de atención urgente, es Latinoamérica. La relación entre pobreza, miseria y criminalidad lleva a tantas personas a vivir en situaciones injustas e inhumanas, que las oleadas de inmigrantes no cesan por todas partes del mundo. Los Reyes del mundo, nos cuenta la historia de cinco jóvenes que huyen de una realidad cruel y violenta en busca de una “tierrita”, que años atrás le habían arrebatado a la abuela del protagonista. La directora sabe narrar con realismo, con dureza, pero también deja espacio a la poesía visual, y nos muestra la humanidad de los muchachos: que expresan su deseo de infinito, de ser tratados con justicia, de ser amados y respetados. Brutal cómo esa “tierrita” es expresión de “una morada celestial”, de un lugar donde no haya injusticias ni mal. Hermoso ese caballo blanco, ese símbolo angelical que bien podría ser Gilda, la abuela que acompaña a su nieto en su aventura.
También en la portuguesa Great Yarmouth percibimos está situación de vulnerabilidad de los derechos humanos, en donde la dignidad es pisoteada. Cientos de portugueses viajan al Reino Unido, en busca de un empleo en el procesado de carne de pavo. La forma en la que nos muestran las condiciones en las que viven y trabajan, recuerdan a un campo de concentración; brutal cómo la protagonista, a la que llaman “mamá”, lucha contra su conciencia y anhela, como ocurría con esa “tierrita” en Los Reyes del mundo, un lugar como perfecto, como un “cielo”, donde poder cumplir su sueño: construir una residencia de ancianos a la altura de su deseo. Curiosa la aparición de dos cruces cristianas durante todo el metraje, una en su cuello y otra en su coche.
Por otro lado, encontramos propuesta dentro del ámbito familiar y de pareja que también nos presentan vidas duras pero reales, que precisan ser miradas con atención. La película española La Maternal nos cuenta la vida de Carla, que se queda embarazada con tan solo 14 años. La relación con su madre soltera es complicada, pero se quieren. Carla se irá a una Residencia de madres jóvenes embrazadas, para aprender a aceptar y asumir su nueva vida, su nueva responsabilidad. Hermoso cómo estos lugares de acogida pueden ayudar a las personas a recuperar ese gusto por la vida, bajo las circunstancias que sean.
Pero si hay tema que se aborda muy frecuente, dentro del ámbito familiar, es la forma de hablarse; cómo parecemos en ocasiones analfabetos por gritarnos e insultarnos. La comunicación en la pareja, se convierte en un tema clave, antesala de la violencia doméstica, donde se detectan las debilidades y fortalezas de cada pareja. Como vemos en las españolas Girasoles Silvestres, en Suro o en La Consagración de la Primavera.
Con La consagración de la primavera se nos cuenta la historia de Laura, una joven universitaria y su despertar sexual, y de David, un paralítico que reclama asistencia sexual a domicilio, como un derecho más. La historia muestra con delicadeza el deseo sexual y la problemática que algunos paralíticos pueden estar sufriendo para ser felices. Muy hermoso cómo las caricias y abrazos expresan que David no quiere solo sexo, sino que su corazón anhela una relación más completa. Lástima que la película no vaya más allá del deseo sexual, que no haya ido al fondo de la necesidad humana; pues habría sido una estupenda historia de gran valor antropológico.
También la pérdida y la muerte deben ser miradas. Mientras algunas familias pretenden que sus hijos vivan en burbujas, que no vayan a un funeral, que no vean a sus abuelos muriendo en casa; mientras esto ocurre, la vida avanza y la muerte, como límite precisa ser mirada y aceptada. Como dirían los griegos antiguos, sin la muerte no hay vida; el límite es vital para acercarse a la verdad, al bien y a la belleza.
En esta línea tenemos la francesa Le Lycéen (Winter boy) en donde Lucas, de 17 años, trata de afrontar una gran pérdida. La evolución del personaje recuerda a la parábola bíblica El Regreso del Hijo Pródigo; el joven Lucas busca respuesta en el sexo con otros chicos, en la rebeldía e incluso termina llevando al límite su propia vida. Hermoso cómo se acoge al silencio para recuperarse, cómo deja de hablar para frenar impulsos reactivos y encontrar lo estable, lo fijo, lo consistente. Interesante la letra de la canción final: Somos como conchas arrojadas en la arena que no saben como retornar a un mar en calma.
Otra película sobre la pérdida sería la danesa Resten Af Livet (Forever), en donde se afronta la muerte de una persona joven, tema tabú aún en muchos lugares. Interesante cómo la familia descubre que la vida, con sus alegrías y sus tristezas, debe ser vivida juntos, unidos. Más allá del valor de la unidad familiar la película, dentro de la hermosura de su naturalidad, ofrece un ritmo lento y pausado con el que parece no coger ni vuelo firme, ni alegría duradera.
Y, por supuesto, la película Runner, de la directora americana Marian Mathias, que fue mención especial del Jurado Signis y del Jurado Oficial del festival. La película nos cuenta cómo una joven tiene que trasladar el cuerpo de su padre a su pueblo natal. En ese viaje veremos cómo la indiferencia se materializa en torno a ella; incluso la directora, incluye varios clips televisivos de otras películas, en donde se explicita el mensaje de Runner: la indiferencia frente a los demás. Ante un panorama desalentador y lleno de críticas vecinales y frenos burocráticos, la esperanza se muestra en “la lluvia”. La lluvia retrasa el entierro del padre y esto permite que Hass conozca a un joven de forma inesperada, con el que se le abrirá una nueva esperanza. Que la lluvia otorgue el respiro y un nuevo horizonte, en un hermoso símbolo, vital para el guion, que abre la película a la trascendencia e incluso a la acción divina. Estupendo uso del sonido como un elemento más, dentro de unos planos que parecen obras pictóricas de la historia del arte.
Pero la indiferencia también puede estar provocada por la rigidez de ciertas ideas, de lo ideológico. Es importante no quedarnos encerrarnos en nuestras propias ideas (ni religiosas, ni filosóficas, ni políticas, …). También la historia de la Iglesia Católica tiene sus sombras, sus “mea culpa” por la que ya ha pedido perdón, en varias ocasiones.
Este tema se toca en la película The Wonder, en donde una niña deja de comer, pero permanece milagrosamente viva y en buen estado. Esta historia de un pueblo irlandés del siglo XIX, nos muestra una errónea forma de vivir la fe y la religión; en donde el infierno, el pecado y el miedo a la condena terminan “enjaulando” el corazón y las mentes de una familia sencilla. La cinta roza lo maniqueo, pero finalmente en el personaje de una monja se percibe un resquicio de todo lo contrario. Interesante cómo su director nos alerta, mostrando los decorados, que incluso el cine, o cualquier espacio, puede ser ese lugar ideológico que nos enjaule.
También el éxito y nuestros propios talentos pueden hacernos indiferentes a los demás. La película Checa Il Boemo, con una gran fotografía, nos muestra cómo un joven compositor se entrega de pleno a su música, pagando un alto precio por ello.
Y, por último, terminemos este recorrido sobre “cómo mirar al otro” con dos de las películas más polémicas y controvertidas del festival; Sparta, de Ulrich Seidl y la argentina Pornomelancolía, en la que vemos a un joven dedicarse al mundo porno gay y cómo va cayendo en un vacío existencial. Una película muy explícita, casi pornográfica, que nos muestra cómo debajo de los actores porno también hay seres humanos que sufren, y que anhelan algo distinto que les de un sentido verdadero a sus vidas.
Sparta ha sido acusada de maltrato infantil y el mismo director canceló su visita al festival. La película es verdaderamente incómoda, pero al mismo tiempo parece tener una propuesta humanista interesante, aunque muy arriesgada. Más allá de lo tenga que hacer la Justicia y la Ley, si es que han cometido algún delito, la película nos propone mirar a dos personajes límite por excelencia.
¿Cómo aprender a mirar a un nazi anciano con Alzheimer y a su hijo, un hombre que se siente atraído por niños, un posible pederasta? El director nos muestra por un lado a un anciano enfermo que mira por la ventana, como si fuera un niño perdido y solo, afectado por el Alzheimer, que clama llorando al cielo por su mamá. Un momento emocional hermoso, que te invita a ver al ser humano que hay debajo del nazi, que probablemente asesinará a cientos de personas. Ésta es la valentía y la parte humanista de esta polémica película. Una vez narrada la historia del padre, vemos al hijo enfrentarse a sus tendencias pederastas; y, aunque la película no muestre una gran explicitud, resulta un visionado difícil, incómodo y no apto para todos los públicos. Sin embargo, como decíamos al principio, nos invita a superar la indiferencia hacia “el otro”, incluso un “otro” capaz de todos los males del mundo. El visionado de la película Sparta se convierte en una invitación a mirar a los seres humanos que hay bajo las vidas de estos personajes, es una invitación a mirarles con misericordia o con rechazo.
En fin, el festival de cine de este año, al menos como lo he vivido yo, es toda una invitación a aprender a mirar a “ese otr@” que es distinto de ti; que error tan grande sería no valorar también a aquellas personas que luchan el bien, aunque no estén en nuestro “equipo”. El cine es una herramienta poderosa, capaz de ampliar horizontes, de despertar conciencias, aunque también de todo lo contrario. Lo importante es poder compartir el arte, el cine con la comunidad: acudir a Cineforums, charlas profesionales, leer crítica de cine, hablarlo con los amigos o asistir a festivales, que seguro que hay alguno cerca de cada provincia española.
Por último, decir que la indiferencia frente al otro nace como consecuencia de la indiferencia hacia uno mismo. En la película coreana Top (Walk Up) se nos muestra cómo la vida cotidiana, la más ordinaria, esa que muchas veces no vemos porque se suprimen con elipsis, es muy importante y también debe ser cuidada y valorada. Porque si no somos héroes en lo cotidiano, no lo seremos en lo excepcional.
Carlos Aguilera Albesa